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Cada dispositivo es diferente. Y la funda que lo acompaña también puede serlo. 💙

Accesorios de tela: fundas de tela para móvil, tablet y portátil: proteger también puede ser muy tú

Hay objetos que hace no tantos años ni siquiera formaban parte de nuestra vida y que hoy llevamos con nosotros prácticamente a todas partes.
El móvil, la tablet o el portátil trabajan, viajan, estudian y hasta se vienen al sofá con nosotros.

Y, claro, también necesitan que los cuidemos.

Podemos comprar una funda ya hecha.
Pero si cosemos, tenemos otra posibilidad mucho más interesante: pensarla exactamente para el dispositivo, para la persona que va a utilizarla y para la vida que va a llevar.

Porque una funda para un móvil que vive tranquilamente dentro de un bolso no necesita lo mismo que otra que llevará un adolescente colgada con un lanyard.
Una tablet que utilizamos en casa tampoco tiene las mismas necesidades que la que entra y sale todos los días de una mochila.
Y un portátil que apenas se mueve del escritorio no viaja igual que otro que coge el metro cada mañana.

Así que en esta ocasión no vamos a darte un patrón ni un tutorial con unas medidas determinadas.

Vamos a hacer algo que nos parece todavía más útil: aprender a pensar nuestra propia funda.

Antes de cortar: ¿qué vamos a proteger?

Esta es la primera pregunta.
Y parece evidente, pero tiene bastante más importancia de la que pensamos.

Antes de elegir la tela, el cierre o ese estampado que nos está haciendo ojitos, necesitamos conocer bien el objeto que vamos a guardar.

Hay tres medidas básicas que debemos tomar: alto, ancho y fondo o grosor.

Y siempre debemos medir el dispositivo tal y como va a utilizarse.

Si el móvil lleva habitualmente una carcasa, mediremos el móvil con ella.
Si la tablet utiliza una cubierta que no pensamos quitar, también.
Si queremos guardar el portátil junto con algún elemento que forme parte de su uso habitual, tendremos que tenerlo presente desde el principio.

A esas medidas habrá que añadir después la holgura necesaria, los márgenes de costura y algo que a veces olvidamos: el volumen que ocuparán los materiales que utilicemos para estructurar y proteger la funda.

No ocupa lo mismo una simple tela exterior con forro que varias capas de tejido, estabilizador y guata.

Por eso hay una frase que repetimos muchas veces y que aquí cobra todavía más sentido: El tiempo que dedicamos a preparar bien un proyecto no es tiempo perdido. Es tiempo invertido.

La funda para el móvil: pequeña, pero con muchas decisiones

Antes de hablar de telas, hagamos un pequeño viaje en el tiempo.

El 3 de abril de 1973, Motorola realizó en Nueva York una demostración pública de telefonía celular portátil.
Martin Cooper hizo una de aquellas primeras llamadas con un prototipo de lo que acabaría convirtiéndose en la familia DynaTAC.

Diez años después, en 1983, el Motorola DynaTAC 8000X recibió la aprobación necesaria para su comercialización en Estados Unidos.

Comparado con nuestros móviles actuales, aquel aparato era enorme.

Quién nos iba a decir entonces que terminaríamos llevando en el bolsillo dispositivos mucho más potentes… y que algunas acabaríamos eligiendo la tela de su funda para que combinara con el lanyard. 😜

Primero, las medidas

Para diseñar una funda de móvil necesitamos conocer: alto + ancho + fondo o grosor.

Pero no nos quedemos solamente ahí.

Ahora llega la pregunta verdaderamente importante: ¿Cómo se va a utilizar esa funda?

Puede ir dentro del bolso, en una mochila, guardada en un bolsillo grande o podemos querer llevarla colgada del cuello o en bandolera mediante un lanyard.

Y también importa quién va a utilizarla.

No porque exista una funda «para adultos», otra «para adolescentes» y otra «para niños», sino porque cada persona utiliza sus cosas de una manera diferente.

Un móvil que va todos los días al colegio dentro de una mochila, que se saca y guarda continuamente y que puede sufrir algún que otro golpe accidental necesitará que pensemos su funda de una manera distinta a la de un teléfono que pasa la mayor parte del tiempo protegido dentro de un bolso.

¿Y si queremos ponerle un lanyard?

Aquí aparece otra cuestión importante.

El peso del teléfono estará ejerciendo tensión continuamente sobre los puntos donde sujetemos el lanyard.
Por tanto, esas zonas deben estar bien reforzadas.

No basta con añadir una anilla porque nos guste cómo queda.

Hay que pensar dónde irá colocada, qué capas tendrá debajo y cómo vamos a repartir esa tensión para que el tejido no termine deformándose o desgarrándose con el uso.

Y, además, tenemos que buscar equilibrio: queremos protección y estructura, pero también una funda cómoda y con un peso razonable.

¿Qué materiales podemos utilizar?

Aquí empiezan las posibilidades.

Podemos recurrir a guatas, estabilizadores, entretelas o materiales que aporten cuerpo, dependiendo de lo que necesitemos conseguir.

Y conviene diferenciar dos conceptos que a veces mezclamos:

dar estructura no es necesariamente amortiguar.

Por ejemplo, en costura creativa se utiliza mucho el rasete foamizado.
Es un tejido que puede aportar cuerpo y estructura a determinados proyectos, pero no debemos considerarlo un material de amortiguación frente a golpes.

Además, no es termoadhesivo.
Podemos sujetarlo temporalmente con adhesivo textil adecuado, hilvanarlo, pespuntearlo o acolcharlo según el proyecto.

Si utilizamos una entretela, una guata o un estabilizador termoadhesivo, seguiremos siempre las indicaciones del fabricante para su aplicación.

Para el exterior podemos utilizar algodón, loneta, denim, micropana, tejidos con textura, vichy seersucker…

Aquí podemos divertirnos muchísimo.

Incluso podemos combinar dos tamaños de cuadro del mismo vichy seersucker y utilizar uno para la funda y otro para pequeños detalles o para el propio lanyard.

Pero antes que preguntarnos qué queda más bonito, preguntémonos: ¿va a resistir bien el uso que tendrá?

La funda para tablet: cuando el tamaño empieza a importar

Las tablets nos parecen muy actuales, pero la idea de utilizar un dispositivo plano y portátil para interactuar con un ordenador viene de bastante más atrás.

En 1963 apareció la RAND Tablet, un dispositivo de entrada que permitía escribir o dibujar mediante un lápiz electrónico.

Y en 1972 Alan Kay presentó su concepto Dynabook, imaginando un ordenador personal portátil y manejable que anticipaba muchas de las ideas que décadas después asociaríamos a tablets y ordenadores ultraportátiles.

No era una tablet comercial como las actuales, pero nos recuerda algo que ocurre muchas veces en la historia de la tecnología: las ideas suelen existir mucho antes de que podamos comprarlas.

¿Qué debemos medir?

De nuevo: alto + ancho + fondo o grosor.

Si nuestra tablet lleva una carcasa que normalmente no retiramos, debemos medirla con ella puesta.

Y ahora añadimos otras preguntas:

  • ¿Queremos guardar también un lápiz digital?
  • ¿Utilizamos teclado?
  • ¿Necesitamos llevar cable o auriculares?
  • ¿La funda será simplemente protectora o queremos que además pueda convertirse en soporte?

Con una tablet tenemos una superficie de pantalla mayor y, por tanto, conviene prestar todavía más atención a qué colocamos junto a ella.

Más capas no significa automáticamente más protección

Este punto es importante.

Podemos sentir la tentación de pensar que cuanto más gruesa quede una funda, mejor protegida estará.

Pero no todos los materiales gruesos cumplen la misma función.

Un material puede aportar muchísimo cuerpo y, sin embargo, tener poca capacidad para amortiguar un impacto.

El rasete foamizado es un buen ejemplo: aporta estructura, pero no lo elegiremos pensando que va a amortiguar golpes.

Un estabilizador adecuado, en cambio, puede proporcionarnos la protección y amortiguación que buscamos.

Lo mismo ocurre con las guatas.

Una guata sintética y una guata de algodón comprimida pueden tener densidades y comportamientos muy diferentes. No debemos considerarlas intercambiables simplemente porque ambas se llamen «guata».

Por eso la pregunta no debería ser: ¿Cuál es más gruesa?
Sino: ¿Qué necesito que haga este material?

Bolsillos sí, pero pensados

Un bolsillo para el lápiz digital puede resultar comodísimo.

También podemos prever espacio para un cable, auriculares o pequeñas notas.

Pero debemos tener cuidado con los objetos rígidos o voluminosos que puedan terminar presionando directamente sobre la pantalla.

Antes de decidir dónde irá un bolsillo, imaginemos la funda llena y hagámonos una pregunta muy sencilla: ¿Qué ocurriría si alguien presionara justo aquí?

A veces esa pregunta cambia por completo el diseño.

Y también podemos jugar muchísimo con el exterior: una combinación de waffle y algodón estampado, una loneta con personalidad, una funda completamente diferente realizada en polipiel o incluso un vichy seersucker pueden llevarnos a resultados que no tienen nada que ver entre sí.

El dispositivo es el mismo. La funda no tiene por qué serlo.

La funda para portátil: aquí la protección cambia de nivel

Si pensamos que los portátiles siempre han sido ligeros y fáciles de transportar, el Osborne 1 puede quitarnos rápidamente la idea.

Presentado en 1981, está considerado uno de los primeros ordenadores portátiles producidos comercialmente con verdadero éxito.
Pesaba alrededor de 11 kilos.
Sí. Once.

Lo de llevarlo alegremente bajo el brazo no debía de estar entre sus grandes virtudes. 😅

Un año después apareció el GRiD Compass, con un diseño plegable mucho más parecido al concepto de portátil que reconocemos actualmente.

Su robustez hizo que incluso se utilizara en misiones del transbordador espacial de la NASA a partir de 1983.

Por suerte, nuestras fundas no van a viajar al espacio.

Pero quizá sí tengan que sobrevivir al metro, al coche, al tren, a una mochila llena o a ese maravilloso momento en que dejamos el bolso en el suelo con un poquito más de entusiasmo del previsto.

Olvídate por un momento de las pulgadas

Cuando compramos un portátil hablamos de 13, 14, 15 o 16 pulgadas.

Para coserle una funda, eso no nos basta.

Necesitamos medir el dispositivo real: alto, ancho y fondo.

Dos ordenadores con la misma diagonal de pantalla pueden tener dimensiones exteriores diferentes.

Así que aquí tampoco hay atajos: cinta métrica y nuestro portátil delante.

No todas las fundas para portátil necesitan lo mismo

Aquí nos gusta diferenciar tres situaciones.

Si el portátil apenas sale de casa, podemos hacer una funda sencilla tipo sobre.
Una guata ligera o incluso un rasete foamizado si lo que buscamos principalmente es cuerpo pueden ser suficientes para protegerlo del polvo, los roces y pequeños accidentes cotidianos.

Si la funda va dentro de una mochila o de otro bolso, nosotros ya buscaríamos una protección real frente a pequeños golpes.
En este caso recomendamos utilizar un estabilizador adecuado y, por nuestra experiencia, partiríamos aproximadamente de 3,5 mm.

Si queremos crear una auténtica bolsa para transportar el portátil, con asas y/o bandolera y que viajará de forma independiente, subiríamos el nivel de protección.

En nuestro caso trabajaríamos aproximadamente con un estabilizador de 6 mm, o con su versión termoadhesiva de alrededor de 5,5 mm.
Y aquí hacemos una aclaración importante.
Ese estabilizador termoadhesivo no pierde grosor porque nosotros lo planchemos al colocarlo.

En el producto que utilizamos, se parte de un estabilizador de aproximadamente 6 mm y, durante su fabricación, el proceso necesario para incorporar la capa adhesiva deja el producto terminado en aproximadamente 5,5 mm.
Es decir, nos llega ya con ese grosor final.

¿Y si el portátil viaja mucho?

Cuando hacemos una bolsa destinada a transportar el portátil de manera independiente y sabemos que tendrá bastante movimiento, nosotros incluso utilizamos doble capa de estabilizador.

Una asociada al tejido exterior y otra al interior.

No es una norma universal ni significa que todas las fundas necesiten semejante estructura.

Es nuestra forma de trabajar cuando queremos aumentar la protección de un dispositivo que va a viajar mucho.

Asas y bandolera: aquí sí tenemos peso

Una bolsa para portátil soporta bastante más peso que una funda para móvil.

Por eso debemos prestar especial atención a los puntos donde colocamos asas, anillas y bandolera.

Las zonas de tensión necesitan refuerzo y debemos pensar desde el principio cómo se integrarán esas piezas en la estructura de la bolsa.

Aquí una combinación de loneta estampada y polipiel puede funcionar especialmente bien: la loneta como protagonista y la polipiel en la base y en zonas estratégicas sometidas a mayor roce o tensión, como los puntos donde colocamos las anillas.

No se trata solamente de decorar.

Cada material puede tener una función dentro del diseño.

¿Dónde ponemos el cargador y el ratón?

Nosotros lo tenemos bastante claro: si podemos elegir, en un bolsillo exterior.

El cargador y el ratón son objetos rígidos y voluminosos. Si los colocamos en el mismo espacio que el ordenador pueden generar puntos de presión sobre él.

En cambio, pequeños cables, adaptadores o memorias USB sí pueden tener cabida en bolsillos interiores siempre que estén bien separados de la zona donde descansa el portátil.

De nuevo, diseñamos pensando en el uso antes que en la fotografía bonita de la funda terminada.

Los materiales que nosotros conocemos

Cuando hablamos de estabilizadores, guatas y entretelas solemos hacerlo desde nuestra propia experiencia en el taller y en la tienda.

Nosotros trabajamos habitualmente con D’Creative, una marca española, porque conocemos sus productos, los hemos utilizado y nos funcionan muy bien.

Entre ellos encontramos estabilizadores de distintos grosores, guata Soft adhesiva y no adhesiva y diferentes entretelas para adaptar la estructura a cada proyecto.

Eso no significa que no existan otras opciones.

Simplemente preferimos recomendar desde aquello que conocemos de primera mano.

Nuestra forma de trabajar es bastante sencilla: probamos, observamos y nos quedamos con aquello que nos funciona.

Si utilizas materiales de otra marca, lo importante será conocer su comportamiento, seguir las indicaciones del fabricante y, siempre que puedas, hacer una pequeña prueba antes de incorporarlos a un proyecto importante.

Y por fuera, ¿qué tela elegimos?

Aquí llega probablemente una de las partes más divertidas.

Algodones estampados, lonetas, denim, micropana, waffle, vichy seersucker, polipiel, lona Cover…

Las posibilidades son enormes.

Pero una tela exterior no debe elegirse solamente porque sea bonita.

Una funda que estará constantemente entrando y saliendo de una mochila necesitará un tejido capaz de soportar ese roce. Una bolsa de portátil independiente puede beneficiarse de tejidos más resistentes o de combinaciones que refuercen determinadas zonas. Y una funda que apenas salga de casa nos permitirá otras licencias.

También debemos pensar en todo el sándwich de materiales: tejido exterior + estructura o protección + forro + costuras + cierres.

Una combinación que parece perfectamente manejable cuando tenemos las telas separadas puede convertirse en varias capas bastante gruesas cuando llegamos a una esquina, una cremallera o el nacimiento de un asa.

Por eso somos muy partidarios de hacer una pequeña prueba con retales antes de empezar.

Especialmente si vamos a coser zonas con muchas capas.

El forro también importa

A veces dedicamos muchísimo tiempo a elegir el exterior y el forro queda relegado a «algo que combine».

Pero en estas fundas el interior estará en contacto directo con un dispositivo que queremos proteger.

El forro nos ayuda a ocultar costuras y márgenes, a separar el aparato de determinados materiales estructurales y a conseguir un acabado limpio y agradable.

Por tanto, además del color o el estampado, pensemos en su tacto y en cómo se comportará con el uso.

Cremallera, solapa, snap… ¿qué cierre elegimos?

No existe un cierre perfecto para todas las fundas.

Podemos utilizar cremallera, solapa, snap, Velcro o incluso diseñar una funda sencilla sin cierre.

La elección dependerá nuevamente del uso.

Una cremallera puede proporcionar un cierre muy seguro, pero debemos diseñarla de manera que sus elementos rígidos no rocen la pantalla o el dispositivo.

Lo mismo ocurre con snaps, anillas y otras piezas metálicas.

Antes de añadir cualquier complemento, preguntémonos: ¿puede terminar tocando o presionando aquello que quiero proteger?

Si la respuesta es sí, tendremos que modificar su posición o añadir la protección necesaria.

Ahora sí: hagámosla nuestra

Una vez resueltas todas las cuestiones funcionales llega esa parte que tanto nos gusta.

Podemos añadir un vivo o un bies, acolchar determinadas zonas, combinar dos estampados, jugar con una cremallera de contraste, incorporar una etiqueta, aprovechar un retal especial o diseñar ese bolsillo que siempre hemos echado de menos.

En una funda de móvil podemos añadir un lanyard.

En una de tablet, un asa o incluso plantear un sistema que permita utilizarla como soporte.

Y una bolsa de portátil puede incorporar asas, bandolera y bolsillos pensados exactamente para aquello que llevamos cada día.

Porque al final no cosemos para un dispositivo. Cosemos para la persona que va a utilizarlo.

Antes de cortar la tela…

Si tuviéramos que resumir toda esta entrada en cuatro preguntas, serían estas:

  • ¿Qué voy a proteger?
  • ¿Quién va a utilizarlo?
  • ¿Cómo va a utilizarlo?
  • ¿Cómo va a transportarlo?

Cuando tengamos esas respuestas podremos decidir medidas, holguras, estructura, amortiguación, tejidos, bolsillos, cierres y refuerzos con mucho más criterio.

Por eso, antes de pensar cómo vas a hacer la funda, piensa cómo vas a utilizarla. Mide. Piensa.
Elige cada material por la función que debe cumplir y no solamente por su grosor.
Haz una prueba si tienes dudas.
Refuerza las zonas que soportarán peso.
Protege especialmente las zonas de pantalla.
E imagina la funda terminada, llena y en movimiento antes de cortar la primera pieza.

Porque sí: preparar también es coser.

Y ahora cuéntanos, Soñadora…

Si hoy fueras a coser una funda, ¿sería para el móvil, para la tablet o para el portátil?

Y ya que estamos: ¿qué tela elegirías?

Te leemos. 💙

💙 A disfrutar cosiendo 💙

Fuentes consultadas

Motorola Solutions — Documentación histórica sobre la demostración pública de telefonía celular portátil realizada por Motorola en 1973 y el desarrollo posterior del DynaTAC.

Computer History Museum — Material histórico sobre la RAND Tablet, el concepto Dynabook de Alan Kay, el Osborne 1 y el desarrollo de los primeros ordenadores portátiles.

Smithsonian National Air and Space Museum — Documentación sobre el GRiD Compass y su utilización a bordo del transbordador espacial de la NASA.

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