Los textiles a lo largo del tiempo

Un Viaje a Través del Tiempo: La Fascinante Historia de los Textiles

Desde los albores de la humanidad, los textiles han desempeñado un papel vital en la vida de las personas, desde su uso práctico hasta su expresión cultural y artística. A lo largo de milenios, hemos visto una evolución extraordinaria en la producción y el uso de tejidos, reflejando el progreso de la sociedad y la creatividad humana. En esta entrada del blog, nos embarcaremos en un viaje fascinante a través del tiempo para explorar la historia de los textiles, desde sus humildes comienzos hasta la época actual.

Los Primeros Tejidos:

El origen exacto de la fabricación de tejidos se pierde en la bruma del tiempo, pero se cree que se remonta a miles de años atrás. Las primeras evidencias arqueológicas de tejidos datan de al menos 27,000 años, con hallazgos de fragmentos de tejidos en sitios prehistóricos en Europa y Asia. Inicialmente, los seres humanos utilizaban fibras naturales como la lana, el lino, el algodón y la seda, que eran tejidas a mano para crear telas básicas para la vestimenta y la protección.

La Era de la Civilización Antigua:

En las antiguas civilizaciones de Egipto, Mesopotamia, China e India, los textiles jugaron un papel destacado en la vida cotidiana, la moda y el comercio. Se desarrollaron técnicas más avanzadas de tejido, como el telar de lanzadera, que permitió la producción en masa de telas de mayor calidad y variedad. La seda, en particular, se convirtió en un lujo codiciado y un símbolo de estatus en la antigua China, mientras que en el antiguo Egipto, el lino era la fibra dominante utilizada para la confección de ropa.

La Revolución Industrial y la Era Moderna:

El siglo XVIII marcó el comienzo de una nueva era en la fabricación de textiles con la Revolución Industrial. La invención de la máquina de vapor y la mecanización de procesos textiles como el hilado y el tejido llevaron a una producción en masa sin precedentes de telas. El algodón se convirtió en la fibra dominante, impulsado por la expansión de plantaciones en América, mientras que la introducción de tintes sintéticos y nuevas técnicas de estampado amplió aún más las posibilidades creativas en el diseño de telas.

La Época Contemporánea:

En el siglo XX y XXI, los avances tecnológicos han revolucionado aún más la industria textil. La introducción de fibras sintéticas como el poliéster, el nylon y el spandex ha ampliado las opciones de materiales y mejorado las características de durabilidad y rendimiento de las telas. Además, la tecnología digital ha permitido la impresión de diseños complejos y personalizados en telas, mientras que la moda sostenible y el uso de fibras orgánicas han ganado terreno en respuesta a preocupaciones ambientales y sociales.

Conclusiones:

A lo largo de los siglos, los textiles han sido testigos y protagonistas de la evolución de la humanidad, desde su función básica de protección hasta su expresión de identidad cultural y creatividad artística. Desde los tejidos rudimentarios de la antigüedad hasta las telas innovadoras de la era moderna, la historia de los textiles es un testimonio del ingenio humano y su capacidad para transformar materiales simples en obras maestras de diseño y funcionalidad. En un mundo en constante cambio, los textiles siguen siendo una parte integral de nuestras vidas, conectando nuestro pasado con nuestro presente y ofreciendo un lienzo infinito para la imaginación y la innovación futuras.

Los textiles a lo largo del tiempo

Según la Real Academia de la Lengua un textil es aquel material capaz de reducirse a hilos y ser tejido. El textil no solo ha influido en el ser humano por sus características como material, sino también por la singularidad y relevancia de las técnicas vinculadas al mismo. De hecho, el hilado no responde al descubrimiento de un material o su obtención, sino a la creación de técnicas y a la acumulación de conocimientos y avances tecnológicos desarrollados durante miles de años para producir tejidos. Los textiles son los materiales que obtenemos de tejer o entrelazar hilos, creando productos que han servido para vestirnos, decorar viviendas o hacer recipientes. Su etimología proviene del latín textilis -tejido-, texere -tejer-, pero deriva de la raíz indoeuropea teks, que significa tejer, fabricar, como en el tekhne griego: técnica.
Con la mejora constante de la técnica, hemos utilizado los tejidos a lo largo de nuestra historia para fabricar viviendas -como las jaimas-, elementos de transporte -como las camillas-, recipientes -como los sacos- o elementos decorativos -como las alfombras, las cortinas y los tapices-. Gracias a la creación de tejidos hemos podido llegar hasta los rincones más recónditos del planeta, sin importar las condiciones climáticas extremas, desde el desierto del Valle de la Muerte hasta el Everest. Y es que, sin duda, su principal aplicación ha sido de la de fabricar nuestra vestimenta. Comenzamos quitando la piel a otros animales y cosiéndolas entre sí para darnos abrigo, pero, poco a poco, fuimos elaborando nuestras “segundas pieles”, con materiales vegetales y animales, como el lino, el cáñamo, el algodón, la lana o la seda. Desde hace más de 40.000 años tenemos herramientas asociadas al tejido, como las agujas producidas con hueso. Durante el neolítico se inventó el huso y, posteriormente, la rueca que, con el paso del tiempo, daría origen a los primeros telares.

Las diferentes sociedades han ido utilizando la vestimenta como elemento identitario a nivel social, pero también se ha usado para reforzar nuestra identidad personal y nuestra pertenencia a un determinado grupo. La vinculación entre la ropa, los textiles, la imagen y el sentimiento de identidad o pertenencia han sido una constante en la historia. En realidad, si observamos diferentes grupos étnicos, sociales, tribus urbanas o incluso sociedades en cada etapa del tiempo, el vestido ha sido un importante factor de diferenciación a lo largo de toda nuestra evolución. Este hecho se consolidará, acentuará y generalizará a partir de la Revolución Industrial, momento en el cual se transformará a todos los niveles la producción de textiles.

En la Edad Contemporánea la continua búsqueda e imitación de la naturaleza nos han llevado a desarrollar tejidos sintéticos, obtenidos principalmente de derivados del petróleo. Estos nuevos materiales nos han permitido emular a los peces a través de los neoprenos o sobrevivir en el desierto gracias al nylon y los poliésteres. En el siglo XXI las nuevas fibras creadas por el ser humano han abierto el abanico de la ropa diaria a la de aventura, la de trabajo e incluso la ropa defensiva, con fibras capaces de soportar el impacto de una bala como el nomex o el kevlar. En unos cientos de miles de años hemos pasado de andar desnudos por la sabana africana a crear “segundas pieles” a partir de materiales artificiales que nos han permitido llegar desde el fondo de los océanos hasta la Luna. Sin los tejidos y las técnicas textiles no habríamos sido capaces de avanzar y progresar como lo hemos hecho a lo largo de nuestra constante evolución.

Edad Contemporánea

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Agujas

100.000 años

Durante el Paleolítico, hace unos 60.000 años, los seres humanos comenzamos a trenzar hilos de materias vegetales para hacer cuerdas. También se utilizaban pieles animales, que se cosían con tendones y agujas de hueso de las mismas presas. Las primeras agujas fueron encontradas en las cuevas de Potok, en Eslovenia, con una antigüedad de 41.000 años.

Algodón

Las primeras evidencias de utilización de algodón datan del 8000 a.C., cuando pueblos precolombinos empezaron a desarrollar las técnicas para su hilado en Sudamérica. Posteriormente, alrededor del 5000 a.C., comenzó el tratamiento de algodón en la India, Oriente Medio y Egipto con la creación de herramientas propias para su hilado, como las peinetas, husos y telares. Los husos se utilizaban para convertir la materia prima en hilo y los telares para tejer paños.

Lana y cáñamo

año 8.000 a.C.

En época neolítica, entre el 6000 y el 3000 a.C., la sedentarización del ser humano trajo consigo la agricultura, la ganadería y la artesanía. La domesticación de animales hizo posible la obtención de lana, una de las fibras naturales más comunes. La agricultura permitió cultivar, además de frutos y cereales, plantas con finalidad textil, como el lino o el cáñamo.

Vendas y momias

En el Antiguo Egipto, surgieron alrededor del 3500 a.C. técnicas de conservación y embalsamamiento de cadáveres con lienzos y vendas finas de lino embadurnadas en resinas, creando las momias que hoy día caracterizan los enterramientos de los grandes faraones. En la tumba de Tutankamón se encontraron intactas varias cortinas de lino, más de cien taparrabos del mismo material y una veintena de pares de guantes. Fueron los mismos egipcios quienes crearon las primeras agujas de hierro en el año 2000 a.C. Estas, en lugar de tener un agujero acababan en un gancho muy cerrado donde se metía el hilo.

La rueca

año 3.000 a.C.

La rueca o rueda de hilar apareció en China en el 3000 a.C. Se trata de una máquina que permitía reducir fibras a hilo de manera mecánica. Contaba con una serie de ingenios mecánicos que hacían posible su funcionamiento: una rueda de radios, una manivela o pedal y un soporte giratorio para acumular el hilo. La aparición de la rueca está unida al tratamiento de la seda. Este preciado material textil de origen animal se extendió al Imperio Persa, llegando finalmente a Europa por la famosa Ruta de la Seda. La industria de la seda ha sido monopolizada por China durante casi 3.000 años, debido a que se redactó un decreto imperial que castigaba con pena de muerte a quien divulgara fuera del Imperio los secretos de obtención y fabricación de las preciadas telas.

Alfombras

año 500 a.C.

La primera alfombra de la que se tiene constancia es la alfombra Pazyryk, tejida en el siglo V a.C. Encontrada en una tumba de un príncipe escita en los montes Altái de Siberia en 1949, mide casi 4m² y está formada por 3.600 nudos simétricos por decímetro cuadrado. Aunque es la más antigua conservada, los expertos señalan que la depurada técnica solo puede ser resultado de la evolución en la fabricación de al menos, un milenio.

El lino

Los primeros registros que documentan la fabricación de lino se encuentran en las lápidas de la bahía de Pilo, en Grecia. Los soldados helénicos se vestían con prendas de lino para protegerse del roce de las corazas y las correas. El vestido más antiguo era el khiton de los soldados hoplitas, que en el siglo V a.C. fue sustituido por el exomis, una túnica de dos rectángulos que se popularizó entre la infantería y los trabajadores. Además del lino, los antiguos griegos utilizaban la lana, la seda y el algodón.

El algodón

La expansión del imperio de Alejandro Magno hasta el Valle del Indo en el siglo IV a.C. trajo el algodón a Europa. Llamado karbasos por griegos y latinos, fueron los fenicios los que más comerciaron con él en la antigüedad y lo introdujeron en la Península Ibérica por la zona de Cádiz. Allí se plantó y trabajó tanto que Plinio llegó a pensar que era un producto hispano. La palabra algodón actual viene del árabe, al-qutn, de donde nace también la voz francesa (coton) e inglesa (cotton).

Togas romanas

año 300 a.C.

La prenda más famosa de la civilización romana era la toga. Consistía en un largo tejido -podía alcanzar los 6 metros de longitud- que se portaba enrollada alrededor del cuerpo. Para poder vestirla era necesaria la ayuda de un esclavo. A partir del siglo III, se comenzaron a poner de moda togas menos pesadas y más ajustadas al torso. Las togas eran tejidos de lana blanca y sustentaban al gremio más próspero de las ciudades latinas -los lavanderos de togas-, que las blanqueaban con orines, productos amoniacados y tierra. La prenda más utilizada por las mujeres romanas era la estola, una variable más ligera y pequeña de la toga, influenciada por el khiton griego. La estola era una vestidura larga, con mangas, llevada sobre una túnica interior.

Purpuraria

año 0

En el Imperio Romano, entre el 27 a.C. y el 476 d.C., el color de la vestimenta supuso un símbolo de distinción social. Los esclavos y plebeyos utilizaban ropajes de color terroso y oscuro; el pueblo libre y las clases acomodadas trajes de colores claros y vivos. El amarillo era usado únicamente por las sacerdotisas vestales y para las bodas, ya que se teñía con azafrán y era extremadamente caro. Las túnicas de los legionarios eran rojas, del color del dios Marte. El color púrpura era el color más caro y exclusivo, por lo que su uso era símbolo de riqueza y alta posición social. El tejido púrpura más oscuro estaba tradicionalmente unido a la realeza y en tiempos imperiales fue utilizado por altos magistrados y generales victoriosos. Para obtener este color había que recolectar el tinte de escarlata de un parásito llamado kermes, una especie de cochinilla que habitaba en árboles de la familia de los robles. El oficio encargado del teñido era el de purpuraria.

Los tapices

año 1.000

Las Cruzadas de los siglos XI, XII y XIII ayudaron a la expansión de los tapices desde el Imperio Bizantino hacia Europa. Su uso se remontaba al Antiguo Egipto y los inicios de los pueblos persas, pero fue en los talleres del norte del Viejo Continente -en la zona de Flandes- donde se convirtieron en auténticas obras de arte. Un tapiz es un tejido hecho a mano en el que se reproducen imágenes utilizando hilos de distintos colores. Su principal uso era abrigar las paredes en tiempos y zonas de frío, mejorando la sensación térmica. En principio, eran paños gruesos colgados por las paredes, pero progresivamente se fueron haciendo más coloridos y con más formas hasta llegar a ser un arte muy cotizado.

El botón

En el siglo XII se inventa el botón en occidente, que sustituye a las fíbulas, broches y cuerdas con las que se cerraban las prendas hasta entonces. Este artilugio, fabricado en un principio en metales preciosos obra de joyeros, terminó haciéndose en cuerno, cobre, latón o vidrio y supuso un cambio radical en la vestimenta -permitía ceñir corpiños y cerrar cuellos y mangas-. El botón supone una nueva forma de unión temporal de tejidos que logró cambiar otras partes de las prendas en cuanto a su corte y tamaño, como las mangas, que se estrecharon en las empuñaduras de las prendas.

La Mesta

Alfonso X El Sabio, rey de Castilla y de León, creó en 1273 el Honrado Concejo de la Mesta, una agrupación gremial regia que protegía a los ganaderos trashumantes para potenciar la producción lanar. Entre los privilegios que otorgaba a los pastores y productores estaban la exención del servicio militar y los derechos de paso y pastoreo. Además, se reguló la circulación mediante el desarrollo de las cañadas reales: un sistema de caminos que contaba con una protección y ordenación especial. El comercio de la lana fue el más pujante de la corona castellana durante varios siglos. La lana de las ovejas castellanas, de raza merina, era apreciada por su finura y delgadez -la mitad de gruesa que la lana basta- que permitía crear hilos de gran calidad y menor grosor, con los que se elaboraban tejidos más ligeros. La Mesta estuvo vigente hasta bien entrado el siglo XIX.

Industria textil

Entre los siglos VIII y XV no existió un gremio más pujante que el de los artesanos y comerciantes de paños. La ciudad más importante fue Friburgo, en el Sacro Imperio, donde también destacaron ciudades como Nuremberg o Augsburgo. En el siglo XIV aparecieron nuevos focos productivos como Inglaterra. Los paños ingleses tuvieron muy buena fama con centros como Bristol, Salisbury y Winchester. En España, fueron famosos los de la corona aragonesa, sobre todo los de Barcelona, Puigcerdá o Vic. El trabajo con algodón y seda estuvo muy localizado en Italia, con Florencia, Génova o Milán como principales centros textiles.

Los lienzos

año 1.400

En el siglo XIV encontramos las primeras evidencias conservadas de lienzos utilizados como soportes de pintura, aunque hay testimonios documentales de su utilización en época romana. El óleo sobre lienzo más antiguo que se conserva es de 1410. Titulado Virgen con Ángeles, es una pintura poco habitual para la época. La pintura sobre tabla perduró en Italia hasta que Andrea Mantegna y otros pintores del Quattrocento apostaron por la tela en bastidor, dada su ligereza y comodidad, así como su resistencia al frío y a la humedad.

Las ferias

año 1.500

La villa castellana de Medina del Campo (Valladolid), fue sede de una de las mayores ferias comerciales y un punto de encuentro de comerciantes durante la Edad Moderna. En este periodo el textil fue el sector que más dinero movía, por encima del alimentario y el ganadero. Se estima que alrededor del 30% de los impuestos recaudados por la actividad mercantil de la ciudad eran por venta de paños castellanos.

Vestimenta y clases sociales

Las diferentes autoridades seculares de la modernidad crearon leyes suntuarias, destinadas a mantener a la población vestida de acuerdo con su estamento y su actividad. Al estilo de las promulgadas durante el Imperio Romano, se dictaron normas cuyo objetivo era evitar el acceso de las pujantes burguesías comerciales a prendas de ropa del estamento privilegiado y diferenciar a los maestros gremiales de trabajos más indignos. En este periodo el textil manifestó su más alta vinculación con la diferenciación social.

La capa castellana

año 1.650

En 1759 comenzó el reinado de Carlos III de España. Este rey es considerado como el monarca que transformó la villa de Madrid en la ciudad merecedora de ser la sede de la corte. A través de la labor de su ministro Leopoldo de Gregorio, Marqués de Esquilache, promovió un sistema de limpieza, pavimentación y alumbrado de la ciudad y mejoras en la seguridad ciudadana, para lo que el noble prohibió capas y sombreros de ala ancha. Estas prendas daban a los delincuentes facilidades para ocultar su identidad y sus armas. Esta medida, unida a la carestía de los alimentos y el apoyo de enemigos del marqués y el clero, desembocó en marzo de 1766 en el Motín de Esquilache -una revuelta social que tardó varios días en ser mitigada-. Desde entonces, la capa castellana dejó de formar parte del vestuario hispano.

La revolución “sin calzones”

El proceso político social que terminó con el Antiguo Régimen en 1789, la Revolución Francesa, tuvo como principales protagonistas a los miembros del estamento no privilegiado llamados sans-culottes. Este concepto significa literalmente «sin calzones», en referencia a la prenda que vestían las clases privilegiadas que no llevaban los miembros del tercer estado, ataviados con pantalones.

La industria textil

año 1.750

La Revolución Industrial de principios del XVIII se caracterizó por la mecanización de las industrias fabriles. La manufactura textil fue la primera en incorporar maquinaria hidráulica de vapor y abandonar la artesanía gremial. En 1733, John Kay inventó la lanzadera volante para el hilado, que sustituyó a la rueca. Treinta años después, se creó el primer torno de hilar mecánico de ocho husos -la hiladora Jenny Machine-, que terminaría creciendo hasta los 120 husos. En 1769, se patentó la máquina de vapor, con numerosas aplicaciones en la maquinaria textil. En 1783, Edmund Cartwright inventó el primer telar completamente mecánico y automático, que primero funcionó con fuerza equina, pero posteriormente fue sustituido por energía hidráulica.

El CITAM

El Centro Internacional del Tapiz Antiguo y Moderno (CITAM) celebró en 1962 la primera Bienal del Tapiz de Lausana bajo los impulsos renovadores de Jean Lurcat, un pintor y tapicero francés. Este evento supuso la confirmación del tapiz como soporte artístico, puesto que hasta entonces había sido denostado a pieza de artesanía por los artistas modernos. Desde entonces, la producción del tapiz se separó de la imitación de la pintura siendo una creación autónoma que investiga en lo escultórico, lo cromático y lo material. Fue el momento de ruptura con la tradición milenaria y el inicio de la expresión artística pura en el mundo del tapiz, complementado la década posterior por los movimientos artísticos centroeuropeos capitaneados por Magdalena Abakanowicz, la artista polaca que liberó al tapiz de la servidumbre artesanal.

Gore-tex

En 1958, el matrimonio formado por Wilbert L. y Genevieve Gore crearon en el sótano de su casa en Newarl, (Estados Unidos), un tejido a partir de un polímero de politetrafluoroetileno (PTFE). Años más tarde, su hijo Bob Gore mejoró descubriendo el politetrafluoroetileno expandido (ePTFE) al someter el PTFE a un proceso de estiramiento rápido en condiciones específicas. Entre sus aplicaciones está el Gore-tex que se convirtió en el primer tejido de la historia capaz de ser transpirable, impermeable y cortaviento a la vez.

Microfibras de poliester

año 1.950

La empresa Albany International Corp. desarrolló en 1983 un aislamiento térmico de microfibra a partir de hilos de poliéster de alto rendimiento que buscaba ser la alternativa al relleno de plumas de ganso. El ejército de los EEUU fue el primer interesado en el material por su menor peso, resistencia a la humedad y mantenimiento de la temperatura corporal. En 1986 se patentó bajo el nombre de PrimaLoft y comenzó su producción para el mercado mundial.

Los geotextiles

En la última década del siglo XX, la industria textil, movida por el deseo de encontrar tejidos cada vez más ligeros, cálidos y duraderos fue investigando en la creación de Textiles de Uso Técnico (TUT). La tela dejó de ser solo vestimenta para empezar a formar parte de geotextiles, utilizados en ingeniería civil para la construcción de carreteras o la impermeabilización de presas. Estos textiles técnicos fueron creados para necesidades técnicas concretas por su resistencia a las temperaturas extremas, la humedad, los rayos UV o para usos de aislamiento térmico o acústico.

Textiles inteligentes

año 2.000

Los Textiles Inteligentes y Tejidos Interactivos (SFIT) son combinaciones de tejidos con nanotecnología, microelectrónica o biotecnología. Son telas creadas en el siglo XXI con combinaciones materiales que otorgan propiedades específicas, haciéndolas antimanchas, autolimpiables, antibacterianas, ignífugas o hidrófilas a partir de fibras.

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